Síndrome de agotamiento parental

Estamos viviendo momentos muy difíciles y de un alto nivel de exigencia para muchos de nosotros. El teletrabajo, los confinamientos y la semipresencialidad  o la enseñanza online han aumentado aún más el ritmo un tanto enloquecedor que solemos llevar habitualmente. 

Muchas veces, el nacimiento de un hijo, aunque es una noticia maravillosa, puede ser otro factor de estrés en una familia: cambian los ritmos, hay nuevas demandas, menos tiempo, más responsabilidades. Tener un embarazo complicado o un niño con necesidades especiales también puede alterar la dinámica familiar.

¿Cómo se siente?

El cansancio ya se nos ha hecho carne pero además estamos distraídos, irritables y hasta llegamos a distanciarnos emocionalmente de nuestros hijos, lo cual termina afectando nuestro desempeño como ma-padres. Esto nos hace sentir aún peor y terminamos retroalimentando nuestro malestar. Aumentamos así nuestra carga mental e incluso llegamos a sentirlo en el cuerpo.

Todas las emociones nos traen un mensaje y en el caso de mamás y papás con burnout también, por eso es necesario hacer una pausa y escuchar-nos. 

Es conveniente prestarle atención a estas sensaciones para evitar caer en situaciones más complejas como fatiga crónica, distanciamiento mental, ansiedad y depresión o enfermedades psicosomáticas.

Una vez que somos capaces de detectarlo, ¿qué podemos hacer?

Aceptar que no podemos tener todo bajo control: hay infinidad de factores que no dependen de nuestro accionar. Somos imperfectos como padres al igual que lo somos como personas.

Buscar una red de apoyo: familia o amigos que nos puedan reemplazar un rato para recuperarnos sea con una siesta, una ducha o una salida. 

Favorecer la separación y la autonomía: evitar en lo posible intervenir en todo lo que hacen nuestros hijos desde el juego hasta prepararse el cola cao, desde cómo saluda hasta cómo prepara la mochila. Por supuesto que hay que enseñar, pero también soltar y confiar. De esta manera, además favorecemos otras habilidades como la de rresolución de problemas.

Cuidar de nosotros mismos, delimitar nuestros espacios, hacer cosas que nos hacen bien, tomarnos un respiro para pensar, descansar o desconectar. En esto también somos ejemplo de nuestros hijos.

Planificar: tener planificadas las comidas, las listas de la compra, etc puede quitarnos carga mental, siempre y cuando mantener ese orden no sea otro factor de estrés. 

Ser flexibles para poder adaptarnos a cualquier imprevisto es casi una ley de obligado cumplimiento.

Si, habiendo probado todas estas estrategias, sientes que no puedes poner pausa y recomponerte no dudes en consultar con un profesional que te escuche y te ayude a buscar tu solución.


Cory Márquez

Psicóloga, articulista. especializada en infanto-juvenil

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