¿Cómo afecta a los bebés dejarles llorar?

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Te voy a decir una verdad absoluta que toda madre debería saber: Cuando un bebé llora es porque le pasa algo. Sí, parece muy lógico pero en ocasiones nos hacen creer que nuestros hijos “juegan” con nosotros o incluso nos chantajean a través del llanto. Nada más alejado de la realidad, tendemos a minimizar las emociones de los niños y a pensar que las utilizan para manipularnos.

¿Por qué no debes dejar llorar a tu bebé?

Durante el primer año de vida la parte del cerebro que tenemos desarrollada es el “reptiliano”, comúnmente denominado como “de supervivencia”. Es la parte del cerebro que hace que estemos vivos y que nuestro organismo funcione. Es involuntario y se mantiene alerta ante cualquier necesidad que tenga nuestro cuerpo. Sabiendo esto no es posible que un bebé pueda manipular a sus padres a través del llanto. Cuando un bebé llora es porque alguna de sus necesidades básicas no están cubiertas y el llanto es la única forma de comunicación que tiene. 

A medida que van creciendo, a pesar de que desarrollan el lenguaje, el llanto continuará siendo su forma de comunicación cuando les pasa algo. A partir del año entra en “juego” el cerebro emocional pero la zona que regula estas emociones tarda muchos años en desarrollarse. Nuestros hijos lloran porque es la herramienta que conocen para desahogarse, por eso es importante que acudamos a su lado, conectemos con ellos y les calmemos. A medida que van creciendo podemos ir ofreciéndoles otras alternativas. En el post ¿Cómo funciona el cerebro de los niños? puedes leer cómo evoluciona el cerebro durante la infancia.

La principal razón por la que no debemos dejar llorar a nuestros bebés es porque nuestro hijo no está preparado para expresar lo que le pasa de otra manera y necesita poder confiar en que nosotros vamos a cuidar de él y vamos a estar a su lado. Pero además, el llanto prolongado en un bebé puede tener consecuencias negativas tanto a corto como a largo plazo.

Cómo daña el llanto a los bebés

Dentro de las necesidades básicas siempre pensamos en hambre, sueño o que les duela algo, pero se nos olvida algo muy importante, que es el apego y la necesidad de contacto que tienen los niños. Tras nueves meses en el vientre materno un recién nacido necesita estar en contacto con sus padres, los reconforta y los hace sentir seguros. Un bebé no se “acostumbra” a los brazos porque le cojamos cuando llora. De hecho dejar llorar a un bebé hará que se sienta abandonado y lo único que aprenderá será que no importa lo que le pase, sus padres no acudirán. 

Al dejar llorar a un bebé, el cuerpo de este genera una gran cantidad de Cortisol, la hormona del estrés, lo que resulta contraproducente para el desarrollo de las conexiones neuronales (durante el primer año se realizan más conexiones neuronales que en el resto de nuestra vida). 

Un recién nacido necesita que sus padres le aporten calma y seguridad, el proceso del parto también es un momento estresante e importante para ellos. Acaban de llegar al mundo y están empezando a experimentar frío, hambre, ruido… Si dejamos llorar a nuestro hijo estaremos forjando una relación de desconfianza, además de aumentar su frecuencia cardiaca, que conlleva una menor oxigenación de la sangre que llega al cerebro. 

La gestión emocional 

A nivel emocional dejar llorar a nuestro hijo es contraproducente tanto para el niño como para nosotros. Los bebés no dejarán de llorar sin más, como hemos comentado lloran porque les ocurre algo, por lo que continuarán llorando y nosotros sentiremos que no somos capaces de atender bien a nuestro bebé. En un proceso como el postparto, para la madre, la gestión emocional no es fácil y sentir que no entiende a su bebé no ayuda nada. Dejemos de lado las creencias “populares”, los remedios de la “abuela” y los consejos y hagamos más caso a nuestro instinto. Para dejar llorar a nuestro bebé tenemos que hacer un esfuerzo porque no es lo que nos nace. 

Dejar llorar a un bebé de una forma prolongada puede afectar muy negativamente en el desarrollo de su gestión emocional. Cuando nacemos no estamos preparados para regular nuestras emociones y el entorno en el que vivamos repercutirá en el desarrollo emocional que tengamos. Si un bebé llora y nadie acude a calmarlo desarrollará una baja autoestima (no le importo a nadie) y una desconfianza hacia quienes le rodean. A partir de los 3 ó 4 años los niños pueden comenzar a practicar habilidades para regular las emociones pero si durante sus primeros años de infancia han vivido como su principal herramienta de comunicación (el llanto) no ha tenido ningún efecto, ¿crees que querrá aprender nuevas habilidades?


Rosa Rasche, educadora en Disciplina Positiva para Familias, asesora de crianza respetuosa y autor del blog www.embarazoycrianza.com

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